Hablamos con el club sobre su camino hacia el circuito competitivo más prestigioso de Latinoamérica

Con el reciente anuncio de la Liga Latinoamérica, producto de la fusión entre LLN y CLS, la lista de los 8 equipos que inaugurarán esta competencia ha sido criticada para bien y mal. La opinión general es que varios nombres son esenciales, pero otras organizaciones —que no cuentan con tanto renombre en la región— se han puesto en duda. La inclusión de Pixel Esports Club, por ejemplo, ha sido cuestionada debido a su breve carrera y resultados deportivos.

Es por esto que decidimos hablar con Alejandro Núñez, presidente ejecutivo de la organización, quien nos explicó la idea que origina todo este proyecto, su consolidación, y por qué la gente debería creen en Pixel.

“Nació como un sueño”, dice Alejandro. “Soy una persona tradicional, siempre he sido gamer pero ha sido un gusto de closet. Soy ingeniero en mecatrónica, he trabajado en plantas armadoras, en temas de marketing y ventas. Trabajé 5 años en 3M, una de las empresas transnacionales más grandes del mundo. Soy muy dedicado en todo lo que hago, y después de un tiempo comencé a preguntarme: ¿por qué le invierto tanto tiempo a algo que no me apasiona? Mi trabajo me gustaba, pero hasta ahí, me estaba aburriendo. Comencé a pensar cómo entrar al mundo del gaming. Siempre he seguido los esports, estaba pendiente de blogs, noticias, portales, y sabía que por ahí estaba lo que buscaba.”

Junto a un par de amigos, con quienes siempre jugaba League of Legends (aclarando entre risas que son súper Bronce), Alejandro comenta que el ser jugador profesional no era una opción: “Ellos me decían ‘tú puedes serlo, eres muy bueno’, y yo era Platino nada más. La gente que no está inmersa en esto piensa que es muy fácil. Dimos muchas vueltas, pensamos en organizar torneos incluso, la idea era meterse de lleno”.

“Yo veía la LCS norteamericana y europea, la LCK, pero tenía muy poca información sobre LAN. Como muchos, creo, solo conocía a Lyon Gaming y hasta ahí. Comencé a investigar desde cero, sobre Riot Open, el Circuito de Leyendas, todo lo necesario, hasta que llegué a los números de crecimiento. Fue aquí cuando no logré comprender el poco ingreso que se estaba generando en la escena profesional”.

“Uno podría pensar en China, que tiene más de 50% por ciento de la audiencia, y los altos números de inversión, pero también tienes a Norteamérica, donde la audiencia no es tan grande y aún así tienen un ingreso altísimo”, explica Alejandro. “En LAN tenemos una audiencia relativamente alta, que puede no estar presente durante todas las partidas pero sí están al pendiente de la liga y el ingreso es bajísimo. ¿Cuál es la brecha entre las organizaciones que existen y las ganancias?”

Fue aquí cuando Alejandro decidió comprar un lugar en el Circuito de Leyendas, pero aún como un pasatiempo: “Yo seguía sin renunciar a mi trabajo, quería ver cómo marchaban las cosas de manera tranquila. Decidí juntarme con uno de mis mejores amigos, Marc Oyamburu, quién es fundador y en ese entonces presidente ejecutivo de Play Business, una empresa de crowd funding. Si la premisa es tan clara, y tenemos que ver cómo solucionar el tema de los ingresos, ¿por qué no levantar capital y ya no tomarlo como un pasatiempo, sino como un trabajo real?”

Armando un plan de negocios, un plan de marca, concluyeron que el problema más grande era el tema del profesionalismo en todos los niveles, era lo que seguía manteniendo abajo a la región. No se le puede exigir a un muchacho de 18 años que sea profesional sin tener buenos fundamentos: “Con una base sólida, se puede contagiar este profesionalismo a la gente que forme parte de la misma, y desde ahí compartir estas prácticas al resto de la industria y juntos ir creciendo, una especie de pirámide.”

Alejandro Núñez, presidente de Pixel Esports Club

Comenzó entonces el levantamiento de capital para emprender el proyecto: “Por ahí he escuchado que la gente piensa que Pixel tiene mucho dinero. La verdad es que se hizo una inversión fuerte, pero no somos un pozo sin fondo. Es un plan que se tiene que llevar a cabo y el levantamiento de capital fue el primer paso. Ningún inversionista te va a dar dinero ilimitado, y que le avises cómo vas en 5 años. Se deben entregar resultados relativamente rápidos para que sea una inversión atractiva”, dice el ejecutivo.

Con $3 millones de pesos recaudados, Pixel Esports Club nació como una organización profesional desde el día uno. Una gaming house, desarrollo deportivo y psicológico, correcto manejo de pagos a jugadores y staff, darles todas las herramientas que necesiten, cuestiones que deberían ser norma pero se sabe aún son irregulares en la región latinoamericana, no serían problema para ellos.

“Fue una labor titánica, porque no conocíamos nada de este mundo, y queríamos ser siempre transparentes y directos”, afirma. “No darle vuelta a las cosas, estafar jugadores o cosas similares. Es en lo que nos basamos y creo que la escena nos ha reconocido por esto”.

Debido al anuncio de la fusión, la primera temporada de Pixel sería también la última en LAN. ¿Cuál fue el plan de acción para la organización ante dicho comunicado, con un resultado deportivo poco atractivo —terminaron séptimos en la tabla— y la incertidumbre de la nueva liga en Latinoamérica?

Alejandro responde: “Fue muy complicado, cuando salimos de esa reunión con Riot dije ‘ya valió’. Siendo yo el nuevo en esa reunión, con otros dueños, la gente de Riot LAS y LAN, fue muy sorpresivo. Nosotros teníamos un plan de desarrollo que se vio truncado, dinero que se desperdició por dicha decisión. Nuestro objetivo no era ganar el primer split, sino desarrollar el plantel, así como decidir con quiénes íbamos a seguir trabajando en 2019, y con quienes no. Se invirtió en un plantel de 7 jugadores, todos tenían terapia y gimnasio pagado. Queríamos cubrir todos los aspectos, para que llegue Riot y te diga: ‘esto ya no, suerte en Chile’”.

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Para Alejandro la decisión no fue de un día para otro, asegura que debió haberse platicado internamente mucho antes: “Se pudo haber manejado de mejor manera con los equipos. Se pudo haber tenido más tacto, que nos consultaran para ver cómo nos estamos desarrollando, cuáles son nuestros planes. Por los resultados que la LLN tuvo esta última temporada, estoy seguro que con un año más de trabajo habríamos crecido mucho como región. Con organizaciones como Infinity, Dash9 o Predators, que claramente mostraron un crecimiento e iban en buen camino, pudimos haber tenido un poco más de tiempo”.

“Al final Riot es el balón, la FIFA, la transmisión y no hay mucho más que hacer más que seguir trabajando. Yo lo hablé con los jugadores, no cambiamos nada, no quise reducir al mínimo costos y ver al final qué pasaba porque queríamos aportar a los jugadores algo como equipo. Que aprovecharan las herramientas y vean que somos una buena organización. Para mi, el único fracaso sería que no haya nadie de Pixel en la siguiente etapa, ya sea como staff o jugadores. Si la organización no llega, pero logramos que algún jugador, analista o entrenador siga en el medio por su buen desarrollo, quedo satisfecho. Algunos jugadores pudieron rendirse, tal vez frustrarse al pensar que no estarían en la nueva liga y es comprensible, pero la organización siguió brindando todos los medios posibles para su desarrollo de principio a fin”.

El proyecto de postulación fue relativamente fácil para Pixel. La organización ya tenía planeado todo lo requerido por Riot Games desde su creación, tanto en el plano deportivo como de marca. “Solo cambiamos un poco el diseño, adaptamos la gráfica, pero el trabajo siempre estuvo hecho, desde un principio”.

“Fue una situación muy chistosa, pero estresante. De esas veces que quieres y no al mismo tiempo. Somos una organización que tiene las bases para poder estar, pero al mismo tiempo sabemos que hay organizaciones con mucha más trayectoria que nosotros, y no será fácil generar esa empatía con toda la región. Por ese lado siempre es más fácil subir desde abajo, ya demostramos que lo podemos hacer”, añade.

Una vez que la lista de los 8 equipos fue revelada, Pixel Esports Club estaría dentro de las organizaciones que conforman esta nueva etapa del competitivo en Latinoamérica.

“Para nosotros no hay problema pero, para los equipos que quedaron fuera, el proceso no fue tan transparente. Además, fue muy largo. La fecha original donde concluían la lista de equipos a participar fue cambiada un par de veces, y es de las cosas que le quitó un poco de transparencia y credibilidad a todo”.

“Una de las cosas fuertes que teníamos en la postulación era el tema de la preparación para realizar el movimiento. Ya habíamos consultado con abogados el proceso para constituir la empresa en Chile, comenzar con todo lo necesario, y lo reflejamos en una línea de tiempo. Básicamente era cuestión de que nos dijeran ‘están dentro’ y listo: tenemos el capital y los contactos para empezar el día que nos digan. En este sentido, ha sido relativamente sencillo en estos días ejecutar todo para empezar con el nuevo proyecto”.

En seguida, Alejandro reflexiona y agrega: “aún así creo que los equipos del norte tenemos un poco de desventaja para llevar todo lo que teníamos en México a Chile. La verdad es que la gente de KLG, Isurus y Furious han sido más que amables con nosotros, nos han abierto todas las puertas, consejos para zona de casas, proveedores de internet, componentes de PC; en verdad han facilitado todo eso, por mucho”.

Si bien es temprano para hablar de planteles, ya que falta ver qué jugadores son liberados de sus equipos, quienes permanecen y demás trámites usuales a fin de temporada, la aspiración de Pixel es llevar exactamente lo mismo que lograron en México a Chile: una organización que pueda darle todo a sus jugadores y cuerpo técnico para desarrollarse de la manera óptima. Replicar los buenos procesos será vital para cumplir la meta de la organización, que es competir en Worlds para el año 2020.

“A la gente de LAS, que no nos conoce, que piensa que tenemos el cupo de alguna otra organización con mayor antigüedad, tenemos un mensaje claro: todos somos Pixel”, asegura.

“Un pixel es una parte de algo más grande, y si no están todos juntos, una imagen con un pixel muerto no está al 100%. Mientras más pixeles seamos, más nítida será la imagen. En esta organización todos tienen participación, todos tienen cabida. Intentamos ser muy activos con la comunidad. Asistimos a la mayoría de eventos que podemos. Siempre le digo a los chicos: ‘Al final nos debemos a la gente, es la que va a hacer que esto crezca, así que debemos retribuir todo lo que podamos’”.

“Queremos que sientan ese aprecio, que no solo les dedicamos un par de palabras si ganamos un juego en el fin de semana y listo. Vamos a generar contenido, interacciones, mercancía, un montón de cosas para que ustedes puedan estar más cerca con el equipo, y si bien la diferencia entre LAN y LAS no va a desaparecer en corto plazo, eventualmente el objetivo es que se quite esa barrera y nos demos cuenta que todos somos Latinoamérica, y podamos tener un representante fuerte en el plano internacional”.

“Desde el principio esa es la idea, todos somos Pixel, todos somos esports y si no unificamos a todos en esto, no vamos a avanzar. Cada aporte que haga cada quien desde su trinchera sirve para la escena en general. Torneos, eventos, comunidad, eso y más será parte de los Pixeles.”

Para finalizar, Alejandro confía en que los equipos que están representan una mezcla interesante para esta nueva etapa:

“Creo que debemos darle una oportunidad. Si no la apoyamos no va a crecer. Ver las partidas, comentar, criticar de forma constructiva, todo suma. Si no lo hacemos no va a funcionar. Los invito a que se quiten el estigma de norte y sur, y que le den oportunidad a las organizaciones nuevas y viejas para poder tener al final un buen representante en el plano internacional. La crítica siempre sirve cuando se hace de buena manera, y creo que todos pueden aportar comentando lo que les parezca y lo que no. Seamos buenos aficionados”, concluye.

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